El apoyo al deporte minoritario en España puede tener mil caras. La voluntad de querer respaldar a los deportistas no profesionales (que lo son en sus retribuciones, mas no en la dedicación) es más importante que cualquier ley de mecenazgo. El CRAT y la Escuela de Finanzas Business School han predicado con el ejemplo y su modelo de patrocinio, implantado en el año 2015, es singular, ya que el centro formativo beca por completo el curso de los jugadores del equipo que deseen formarse en las disciplinas que se imparten en la escuela. Todo un aliciente en un deporte aficionado en el que, en ocasiones, los fichajes de deportistas extranjeros (a veces, de las antípodas) dependen de la oferta global de la ciudad de destino.

El arquetipo del deporte del balón oval como canalizador de los valores más estimados por medio de la actividad deportiva a todos los niveles fue la piedra angular que impulsó a la Escuela de Finanzas, presidida por Venancio Salcines, a materializar su apoyo al CRAT. «Lo que nos interesó siempre, tanto desde la escuela en su día como desde la fundación actualmente, es el apoyo en las acciones sociales que transmiten los valores en los que nosotros creemos. Y consideramos que el rugbi identifica a la perfección los valores que intentamos transmitir todos los días en nuestra aulas: trabajo en equipo, humildad, amistad, compromiso y respeto», aseguran desde la entidad formativa con sede en Oleiros.

El presidente del CRAT, Pedro López-Sors, corrobora la línea de pensamiento, asegurando: «La Escuela de Finanzas apostó por nosotros desde el principio y es un partner con el que compartimos valores fundamentales que deben de estar siempre presentes en el deporte y en la empresa».

Aunque habla de beneficio mutuo, el dirigente reconoce: «Para nosotros supone un plus muy importante y hace nuestro club más atractivo al traer y retener jugadores con talento para el rugbi y con futuro académico, que de otra manera se irían a estudiar a ciudades con las que no podemos competir, como Madrid o Barcelona. Aunque el palmarés del CRAT es el primer factor de decisión, no hay que olvidar que el rugbi tiene un origen universitario y la escuela ofrece una formación de prestigio. Los matices deciden un fichaje. Y este convenio es más que un simple matiz».

Resalta que el vínculo entre ambas entidades va más allá del patrocinio, ya que las sinergias creadas se traducen en eventos como presentaciones específicas o encuentros y ponencias sobre el traslado de los valores del rugbi a la empresa, entre otros. «No es un patrocinio que se guía por un contrato, sino que es vivo y se adapta de maravilla a nuestras necesidades, por lo que estamos más que agradecidos», concluye López-Sors.

Venancio Salcines, por su parte, analiza: «Un ejecutivo, un empresario, un dirigente, por su responsabilidad debe tener una fuerte carga ética. Debe tener muy claros sus principio y sus valores. En la Escuela esto es una obsesión. Por ello, dentro de nuestra política de patrocinios pensamos que debíamos apoyar a un deporte de fuerza, competitivo, pero a la vez obsesionado con no traspasar nunca las reglas morales que reinan en el campo. Fui jugador de rugbi en la Universidad y pensé que este deporte simbolizaba muy bien el mensaje que deseábamos trasladar».

«El primer retorno que obtenemos es un posicionamiento público, un acto de coherencia ante nuestro discurso como institución educativa. El segundo, una satisfacción personal. Uno debe apoyar a aquellos que están en línea con su visión de la sociedad», añade. «Y los jugadores del CRAT son muy maduros y responsables socialmente, excelentes espejos de lo que deseamos para nuestra comunidad educativa. Además, un jugador de rugbi muestra una pasta especial, una actitud ante la vida y un perfil muy interesante para la empresa», abunda Salcines.

El responsable del centro académico lanza otra reflexión: «Alguien que se desplaza para jugar en el CRAT necesita tener cubiertas sus necesidades vitales y eso implica una remuneración mínima. Lamentablemente, el club no tiene el apoyo económico que necesitaría, pero confío en que, en la medida en que la sociedad vaya entendiendo la grandeza de este deporte, crezca su apoyo social y con ello su presupuesto».

El compromiso social de la entidad que dirige Salcines es claro. «En Cesuga, donde la Escuela es accionista de referencia, trabajamos, en colaboración con el Real Club Náutico de La Coruña, en la creación de un club de vela, que sería una actividad interna para nuestros estudiantes universitarios. Además, apoyamos a la pintura gallega, a un banco de alimentos que asiste a personas con dificultades en cuatro parroquias de Cambre y una de Oleiros y otorgamos becas de estudio. Cada año, traemos a los alumnos más brillantes de un posgrado que desarrollamos en Bogotá», enumera.

«Una gran oportunidad formativa para conciliar»

Una media de tres jugadores por curso se han beneficiado del convenio firmado entre ambas entidades en el año 2015. La escuela cuenta con un departamento en carreras profesionales integrado en la fundación que ayuda a la incorporación laboral, aunque, por ejemplo, la FP en Dirección y Administración en Finanzas dispone de prácticas obligatorias.

Han pasado por las aulas del centro de Oleiros jugadores como Iñaki Portos, Nicolás Negreira, Breogán Martínez, Laura Delgado, Joana Murray, Francisco Gracia, Pedro Vasco, Emiliano Sabadín, Pablo Artime y María del Castillo, entre otros. Este curso, las titulaciones más demandadas han sido la FP en Dirección y Administración en Finanzas y el Programa Superior de Bolsa.

El jugador Iñaki Portos lo describe como «una gran oportunidad formativa». Para él, uno de los aspectos más importantes es la posibilidad de conciliar la práctica exigente de una disciplina deportiva y los estudios de alto nivel. «No tengo duda de que tanto el club como la escuela serán dos pilares fundamentales para mi futuro como deportista y como persona», aventura tajante. «En España es inusual mezclar estudios y deporte. Sin embargo lo veo algo necesario para cualquier deportista sea cual sea el nivel y la disciplina. Es un lujo poder contar con algo así en el equipo a través de esta escuela», insiste.

«Los jugadores que vienen de fuera se sorprenden para bien y reconocen la gran oportunidad que se nos da a los jugadores a nivel formativo a través del CRAT», concluye.